RSS

Tranquilo

Ojos de luz que ya la perdieron por sombras que caminaban entre escombros de barro y lágrimas perdidas que volaron hacia quién sabe dónde, llamaron a voces al ardor que no tuvieron, sabiendo que no era el lugar correcto para pensar en ello, que era el momento incorrecto para querer avanzar sobre las zarzas inconscientes que atrapaban aquellos remordimientos, te susurraron:

“Detén tus balas, pasea tranquilo por la calzada de alquitrán oscuro que te llevará con ellas de un lado a otro, zarandeando siempre el funesto destino que se plantea poseerte. Persigue el fuego que llamea entre sus dientes, saborea la amargura que desprenden sus alas batientes y llora inocente por la primera vez que los elefantes huyeron en estampida.”

 
1 Comment

Publicado por en 06/09/2011 in Micro, Surrealismo

 

Cuántas noches

Cuántas noches habré pasado trepando por tu pecho, enganchada a tu lóbulo, enredada en tus brazos o presa entre tus piernas…

Cuántas noches habrás conquistado una y otra vez la más profundas de las cimas…

Cuántas noches habremos tenido el mismo sueño sin saberlo, abrazándose más allá de nuestros labios, gimoteando al unísono cuando se acerca el sol a tu ventana…

Y esta noche, tan lejos de ti, miro las estrellas y no las veo, pues lo único que cabe en mis ojos son tus ojos.

 
1 Comment

Publicado por en 04/18/2011 in Melancolía, Micro

 

Abajo

Recuerdo como era estar allí abajo:

Un sitio frío, inhóspito, dónde nada tenía color y la piel se desprendía continuamente de los cuerpos.

Allí abajo lo claro se convertía en oscuro, lo cristalino se volvía opaco, la verdad tornaba en mentira y el gris lo inundaba todo con su miseria.

Allí abajo no había otra cosa que hacer si no acurrucarse en una gélida esquina, esperando que la presión que me oprimía el pecho cesara en algún momento, suplicando que la asfixia que sentía arder en mi garganta acabara cuanto antes. Recuerdo aquel dolor latente, que nunca descansaba, que cuando parecía remitir en realidad sólo estaba preparándose para henchirse con más fuerza y explotar desgarrando todo hueso y músculo a su paso…

Allí abajo las líneas eran difusas, no veía más allá de los dedos de mis manos y nunca me atreví a moverme por miedo a lo que pudiera encontrar. Por debajo, por encima y a mi alrededor flotaba la nada.

Y deseaba con todas mis fuerzas que la nada me aplastara, que la nada me atravesara por completo y me convirtiera en nada. Pero nunca lo hizo, cruel y pasiva contemplaba desde el exterior como poco a poco me deshacía por dentro y por fuera, como poco a poco dejaba de existir, presa en aquel extraño lugar.

Allí abajo…

No quiero volver.

Prométeme que no me dejarás caer. Prométeme que no permitirás que tropiece con mis recuerdos. Que me obligarás a sonreír cada día, a no mirar más hacía atrás, a mantener los ojos abiertos y a caminar siempre contemplando el cielo. Prométeme que no dejarás de apretar nunca mi mano.

No puedo volver allí abajo.

 
Leave a comment

Publicado por en 04/12/2011 in Depresión, Relato corto

 

Numen

Siempre tuve la impresión de que él era eso.

Los ojos cerrados, la boca seca y la lengua hinchada, las mejillas húmedas, trémulas las manos, inmóviles las extremidades mientras una pregunta corta y simple giraba sin parar dentro de mi cabeza, chocando contra el cráneo, resonando hueca en el silencio.

Tan sólo debía recordar, así hallaría la respuesta que tanto necesitaba…

Apreté los párpados y hundí el rostro en su cuello como una niña pequeña y asustada, pidiendo ayuda a gritos. Quería contestarle, necesitaba contestarme. Todo lo que veía era nada, vasta y fría nada.

Quería recordar, necesitaba recordar pero me sentía completamente incapaz. Le abracé con desesperación. “Responde tú por mi”, quise pedirle…

Pero no lo hice.

 

Un beso en la frente, apartando mi flequillo con sus labios. Una caricia en el pómulo, secando rastros de lágrimas con sus dedos. Un susurrante “¿por qué?” al oído que hizo que lentamente despertara y se abrieran mis ojos, dejando por fin entrar la luz.

Destellos inundaron la nada y entre destellos lo encontré. A él; expectante, paciente, dulce, cercano y atento, mirándome con la confianza que tiene el pájaro en sus alas. A mí misma; sobrecogida por la intensidad de su mirada, saltando al vacío con un grito de júbilo, zambulléndome en la respuesta; diáfana, clara, simple.

Sonrió, cogió mi mano y la apretó con fuerza, nos levantamos de un salto y salimos de allí. Empecé a contagiarme de la calidez de su sonrisa, de su cuerpo. A su lado el sol se quedaría helado…

Y entonces, con una simple caricia todo volvió a cobrar sentido, recordé y sentí con el viento en la cara el impulso de seguir adelante, a su lado, creando, destruyendo, riendo y llorando, amando, bailando, escupiendo en la cara de todo aquel que no quiere creerlo.

 

Silencio.

Volvió a repetir la pregunta.

Inspiré.

Rodeó con sus brazos mi cintura.

Alargué mis manos hasta su cuello y acerqué su rostro al mío, separando los labios despacio para que las palabras fluyeran tranquilas.

Con una sonrisa en los labios escuchó complacido cada suspiro, cada sonido, cada pausa.

 

Siempre tuve la impresión de que él era eso.

Ahora sé, sin ninguna duda, que él es eso.

 

 
1 Comment

Publicado por en 04/04/2011 in Inspiración, Relato corto

 
 
Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.